La cena con Yue había transcurrido casi normal. Pero una vez llegar me arrepentí de haber aceptado, desde que llegamos no me dio tregua alguna, y aunque ya me imaginaba sus intenciones, esta vez no hubo disimulación alguna, me dijo que se había enamorado como un loco de mi, y que no le importaba que yo estuviera con Syaoran, que el estaba dispuesto a luchar por mi amor aunque tuviera que luchar contra uno de sus mejores amigos.
Rápidamente le hice ver que entre Syaoran y yo no existía nada más que una amistad, pero eso fue un grave error. Pues al no estar Syaoran como obstáculo me propuso hasta matrimonio.
Yue era un buen hombre, y si alguna vez me casaba con alguien sin duda seria él. Pero desafortunadamente no había manera de que llegara a amarlo. Estaba tan perdidamente enamorada de Syaoran que si el me daba por lo menos una oportunidad haría lo que estuviera en mi alcance y hasta más para que me amara por lo menos un poquito. Si el me amará ya nada mas tendría valor para mi, incluso el sueño que me alejo de mi familia. El era todo lo que una mujer como yo deseaba tener, era todo lo que una mujer como yo no podría tener. Yin había dejado tan poco de él, prácticamente había dejado un cascarón andante, y eso aun dolía en mi alma, porque hiciera lo que hiciera se me hacia casi imposible reanimar a ese muerto corazón.
–Bueno señorita, ya estamos en su edificio!– dijo Yue, esperando la invitación de Sakura para que subieran a su apartamento, como la invitación nunca llegó, se bajo del automóvil y lo rodeo, para ayudarla a bajar.
–Gracias– le dijo ella, agradeciendo su caballerosidad, –Fue una cena fantástica me la pase muy bien.
–Sakura, yo. . . yo quiero que tengas presente mi propuesta, ¿está bien? Dime que lo pensaras!
–Está bien, lo pensaré –dijo, y sin mas la tomo por los antebrazos para besarla apasionadamente, en ningún instante pensó en corresponder al beso, y se quedó estática, sin moverse. Al percatarse Yue la soltó y le pidió una disculpa.
–discúlpame tu a mi, quisiera corresponderte, pero no puedo, dame tiempo ¿quieres?
–Si, te esperaré– y sin más, se despidió y se fue.
Cuando estaba por entrar en su departamento, escuchó un ruido a sus espaldas, allí se encontraba Syaoran, con el rostro rubicundo, el nudo de la corbata deshecha, y con aliento alcohólico.
Sin esperarlo recibió su segundo asalto de la noche, tomándola por los brazos y pegándola a la pared, la besó con esa ferocidad tan suya. No dejó de forcejear hasta que Syaoran la apresó con más firmeza contra su cuerpo. La presión que ejercía su boca se incrementó en un ardoroso intento de que ella separa los labios.
Sakura nunca había imaginado un beso semejante, una caricia profunda, tierna e impaciente que pareció dejarla sin fuerzas hasta el punto de que se vio obligada a cerrar los ojos y buscar el firme apoyo del torso de Syaoran. él aprovechó al instante su debilidad, la apretó contra su cuerpo hasta que no quedó un milímetro de separación entre ellos y le introdujo uno de sus fuertes muslos entre las piernas para separarlas.
La punta de la lengua de Syaoran comenzó a juguetear en el interior de su boca con cálidas caricias que recorrían el borde de sus dientes y la sedosa humedad que se extendía tras ellos. Sobresaltada por semejante intimidad, Sakura retrocedió, pero él acompasó su movimiento y le colocó las manos a ambos lados de la cabeza; no dejó de acuciarla, incitarla y darle placer hasta que de la garganta de ella escapó un gemido tembloroso y comenzó a empujar a Syaoran de modo frenético.
–¿es que te has vuelto loco? ¡Syaoran suéltame!
–No le dijiste eso a Yue ¿cierto? ¿disfrutaste mas de su abrazo? Dímelo!–exigió–¿es porque el si te gusta y yo no?
–estas, ebrio!
–si, pero ¿Sabes por qué?¿tienes idea por qué? por que mientras estaba en la cena me imaginaba a Yue, besándote, tocándote, haciéndote gritar, y no lo pude soportar, y si hubieras subido con el, te juro que lo habría matado nada más entrar al edificio¿Qué tiene él Sakura?¿Qué tiene el que yo no tenga para que me dejes acercarme a ti? ¡dímelo!– exigió una vez mas.
–Syaoran, suéltame que me lastímas –le dije, y es que sus manos que rodeaban mis muñecas no me lastimaban tanto como sus palabras, lo amaba más que a nada ni nadie y ese era el verdadero problema.
–Yo... suéltame por favor!
-Dímelo, Sakura, dímelo y entonces me iré!
No supe que fue lo que se desató en mi, mis sentimientos eran demasiado intensos para seguir guardados dentro de mí, y además el quería saberlo. –Yue, me cae muy bien, me divierto mucho con el. Pero Yue no tiene nada que puedas querer tener. Al contrario Yue no tiene algo que tu si.
–¿Ah si?– me dijo de manera incrédula y hasta burlona – Y que tengo yo que el no ¿Qué es lo que hay en mi que te desagrada tanto?
-Tu. tu tienes mi completa atención, tu eres dueño de mi pobre corazón, Tu tienes las facultades para destruirme con tan solo desearlo, y sabes porque¿sabes porque?– grité– Por que yo te amo, como a nada ni nadie.
–¿Me amas? –preguntó–¿realmente me amas? y eso fue todo lo que necesite para perderme en sus ojos, y reclamar sus labios, –si –le dije –como nunca a nadie, de la manera en que estoy segura, nadie te amó y nadie va a amarte. – Terminé entre beso y beso.
–muéstrame sakura, muéstrame cuanto me amas, y enséñame a amarte también. Fue todo lo que necesité para rendirme y entregarme en cuerpo y alma, para abrir mi corazón y dejarlo instalarse por completo, y aunque sabía que eso solo me traería sufrimiento, lo permití gustosa.
Me arrebató las llaves del apartamento y entramos, como tantas veces, de la forma en que nunca lo habíamos hecho. Comiéndonos mutuamente, victimas de la pasión tan desbordante que se propagaba por cada poro de nuestra piel, besos dulces, besos ardorosos, todo a la vez, todo un torbellino de emociones, no podía darme cuenta cuando empezaba un ritmo y terminaba otro, hubo un momento en que lo desconocí, era otro, hambriento, feroz, de la forma en que no lo había visto nunca, me asustó, era la primera vez, y no quería que fuera así, quería que fuera dulce y paciente, porque aunque lo deseaba de mil formas posibles aun tenia miedo.
–Syaoran, yo. . . espera –le dije– escapando de sus labios. –¿podemos ir mas lento? –¿Por qué?– preguntó con un seño en la frente –Es. . . es mi primera vez– le dije. Su seño, se transformó, y en su mirada había algo que no había visto nunca, sorpresa.
–perdóname, no. . . no sabia– rozó con sus nudillos mi mejilla y tomó mi barbilla, buscando mi mirada me dijo –es el mejor regalo que nadie podría hacerme.– Besó mis parpados cerrados, y comenzó con una nueva cadencia, suave y tierna, como alas de mariposa, llevó sus labios a los míos, y jugó con ellos, hasta que sentí que no podía mas. –vamos, le dije tomándolo de la mano y llevándolo a mi habitación..
Se deshizo de cada prenda, lenta y sensualmente, enloqueciéndome, tocando cada porción de piel que encontraba desnuda, besando, palpando, acariciando. –Sakura, murmuró, –Mi Sakura– dijo con la voz entrecortada. y me tomó en brazos, para colocarme suavemente en la cama que sería testigo de nuestra entrega, lentamente se quitó cada prenda, era premeditado, haciéndome esperar, haciéndome desear, segundo a segundo, más y más.
Suavemente cubrió mi cuerpo con el suyo, haciendo lo posible por despojarme de mi pudor, acaricié su espalda con un poco de temor, su piel suave y calida bajo mis brazos, sus labios que se deslizaban a lo largo de mi cuello, sus manos que subían y bajaban acariciando mis muslos, todo era perfecto. En ese momento, y solo por ese momento el era enteramente mío.
–No puedo soportar más– me dijo, me dio un beso en la frente demostrándome que lo nuestro no era algo meramente carnal, y se hundió dentro de mi ser de una sola estocada, el malestar fue breve, pero algo tan ínfimo comparado con la dicha que sentía, por fin era suya, suya de verdad, no como en mis sueños locos, sueños anhelantes, esto era la pura realidad.–Gracias!! Gracias por ser tan sincera –me dijo entre beso y beso con la voz entrecortada, –Te amo – le conteste y esa pequeña frase le imprimió algo, con mucho cuidado comenzó a moverse dentro de mi, arrancándome jadeos, y luego gemidos, luego alcance a ver una parte de cielo en sus brazos, si el cielo existe, creo que lo que ví se le parece mucho.
Luego calma, para recomenzar, esta vez lo sentí temblar en mis brazos, y me sentí poderosa, me sentí mujer, ambos nos abandonamos en nuestro placer, en los brazos del otro. Cansados, e intentando recuperar la respiración nos quedamos así, muy juntos, unidos aún. Mientras nuestros corazones. . . No. Mientras mi corazón le decía al suyo lo mucho que lo amaba al ritmo de sus palpitaciones.
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Me enloquece la manera en que su aroma queda gravado en mi cama, su calor, su pasión todo en ella me tiene loco, a dos meses de mantener nuestra relación aun estoy insaciable, estoy seguro que jamás me saciaré, es mi niña, es mi mujer, es todo lo que nunca pude desear, estoy seguro que la amo, estoy completamente seguro que es ella la que acelera mi corazón no la sombra de la otra.
Yin Fa Lyo, la mujer a la que amé por casi más de 10 años, anoche soñé con ella, todas las noches soñaba con ella, siempre atormentándome, siempre siguiéndome, pero anoche fue diferente. Ahí me di cuenta que eso que sentía por ella había llegado al final. Cuando la ví en mis sueños no me provocó nada, ni siquiera rabia, y todo gracias a la mujer que ahora compartía mi cama, Sakura, mi mujer, solo mía, me sentía poderoso, dueño del mundo, por lo menos dueño de su mundo, me sentía completo, dichoso. Ella me había enseñado cosas que nadie podría haber hecho, me enseño a perdonar y pedir perdón, me enseño a deshacerme del rencor y del odio. Me enseño a ser feliz.
–Sakura –murmuré haciendo lo posible por no molestar su sueño, me rodé en la cama y la encontré vacía, las sabanas estaban aun calientes pero ella no estaba.
justó antes de levantarme e ir en su búsqueda, la puerta del baño se abrió y ahí estaba, algo andaba mal, lo noté porque se quedó parada en la puerta sin decir nada, encendí la luz y me di cuenta de la razón, estaba pálida, como un fantasma. . .
–Cariño, qué pasa? –pregunté alarmado, ya levantándome de la cama. –nada, no te preocupes– me dijo, yo sabia que algo iba mal, pero solo atiné a llevarla conmigo de vuelta a la cama, abrazarla e intentar protegerla de cualquiera que fuera su temor, mas tarde me prometí, mas tarde sabría que sucedía.


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